domingo, 22 de noviembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta, y su prima Almendra

Alberta, la mosquita muerta, y su prima Almendra




Arreglate Alberta, iremos donde tu prima Almendra
ya sabes lo meticulosa de su Madre; parece Abuela.

¡Bravo! alegre estaba Alberta, la mosquita muerta
al fin vería a su prima Almendra, la abeja fresca.

¡Vamos, ya estoy lista! -gritaba a todos contenta
después de todo, su prima preferida era Almendra.

Almendra, la abeja fresca, tenía muchas historias
la muy coqueta conocía de galanes y de victorias.

Dejémoslas salir a volar solitas, querida cuñada
decía Mamá mosca de Alberta a Mamá de Almendra.

Almendra, la abeja fresca, no era la más discreta
y por ende su Mamá Abeja, le retenía su lanceta.


Te invitaré a un nuevo lugar que he conocido, querida prima Alberta. Verás cuando lleguemos que hay muchos mosquitos y abejos muy apuestos.
Colorada se tornaba con sus palabras Alberta, la mosquita muerta, puesto que a ello no estaba acostumbrada. Ella solo volaba y jugueteaba, pero su prima Almendra, la abeja fresca
era mas madura y se valía de su hermosura y sus rallas negras adornando su cintura para conquistar chicos y provocar de alguna Avispa envidias. A Almendra eso le gustaba tanto como
volver a ver a su prima Alberta, que según Ella, solo se hacía la mosquita muerta.
Almendra, júrame que no harás tonteras y me dejaras tranquila. No quiero pasar vergüenzas. Ya tú me conoces y sabes que como tú, no soy tan bella.
Así volaban conversando y poniéndose al día de cada una.
Almendra, la abeja fresca gozaba con el castigo que Orozco el Doctor mosco tan gruñón y tosco le había dado a su prima Alberta, pues pese a todo le había curado del mal de sus ojos.
Alberta aprovechaba la ocasión para pedir consejos, pues hace poco había conocido a un Mosquito muy apuesto.
Llegaron a un riachuelo, lleno de posas de agua estancada por sus orillas, lo que para todos significaba el mejor de los paseos. En balnearios se transformaban, con miles de moscas
y moscos, abejas y abejos, zancudos y hormigas negras, tan coquetas como las Avispas ó las Abejas, pues todas modelaban su cintura con risitas de coquetería llenas.
Alberta, que de la ciudad venía, siempre quedaba encandilada y sumida en su inocencia ya rogaba devolverse a su prima Almendra, la abeja fresca que ya a esas alturas muy en cuenta no le tomaba.
Era un ir y venir de personajes, todos creyéndose muy apuestos, y todas sus mejores trajes luciendo.
Mira ese grupo de fastidiosas. Me dan rabia verlas tan majestuosas, siendo que viven de malolientes basuras aun mas fétidas que las tuyas, querida prima. Por eso es que me alegra quitarles sus
posibles galanes, pues ellas para mí no son rivales.
¿Almendra, no crees que es demasiado lo que todo esto te afecta, siendo que eres entre todas la mas bella?
Prima, primita. Te daré un ejemplo. Zumbando por tu lado acaba de pasar un Zancudo buenmozo y bastante alto. Sabrás que muchas de estas aleteadoras amigas por su atención mucho tiempo entre ellas se han peleado. Y míralo ahora, prima
sus ojos de tí no ha sacado desde el momento en que aquí hemos llegado.
Alberta, la mosquita muerta, quedó de una pieza. Sin quererlo se vio descubierta por su prima Almendra, pues hacía unos momentos había notado la mirada fija de aquel Zancudo que le zumbaba las alas presumido y con cierto orgullo, pero que
le tenía el corazón saltando.

¡jajaja! Reía Almendra. ¡Ves mi querida prima, tú sí que sabes hacerte la mosquita muerta, mi querida Alberta! Conquistas igual que tu prima, pero sin ser manifiesta.
Vayámonos a casa antes que nuestras madres de la hora se den cuenta -gritaba volando aun colorada Alberta, la mosquita muerta.



::: Cristtoff WOLFtown © :::

Alberta, la mosquita muerta, conoce a Elsa

Alberta, la mosquita muerta, conoce a Elsa.





Ya verás mi pequeña Alberta,
una vez lleguemos al campo
te presentaré a la Pata Elsa.

Es una Pata muy traviesa,
algo así como Tú, cariñito
igual a Tí, querida Alberta.

¿Me cuentas de Ella, Abuela?
de cómo llegó a tus campos,
que ya muero por conocerla.

A ver, mi Nietecita Mosca
pon tu carita en mi hombro
y te contaré algo de Ella.



Elsa, la Pata Gansa desde chiquita merodear acostumbraba alejándose de su Mamá Pata, rebuscándose problemas metida entre zarzamoras ó en la laguna bañándose desnuda.

Me deleitaba verla pasar con sus hermanitas tras la Mamá Pata, pues Elsa, la Pata Gansa
era tan olvidadiza que nunca recordó como graznaban y en vez de decir CUAC! como su manada ella distraída gritaba JUAS! sin importarle nada.

Yo me reía desde la terraza. Elsa, la Pata Gansa era muy conocida. No había animal alguno
como ella, tan natural y alocada. Disfruto recordándola, mi querida Alberta, pues en ella veía reflejada a mi pequeña Nieta Alberta, la mosquita muerta.

¿Por qué te reías tanto, Abuelita mosca eterna? -preguntaba ansiosa Alberta, la mosquita muerta.

Pues y cómo no ¡si Elsa, la Pata Gansa, era el único animal en toda la granja que usaba gafas!

¡jajaja! -ambas reían mirándose con todos sus ojitos empañados de risa.

Así que imagina a tu nueva amiga; Elsa, la Pata Gansa usaba gafas y que en vez de CUAC!, graznaba JUAS! ¡Era lo que faltaba!.
Alberta, la mosquita muerta, lloraba de contenta. No podía esperar terminar el viaje para conocer a su nueva amiga Elsa que tanto a ella se parecía.

Y eso no es todo –seguía contando la Abuela mosca terna. Una tarde que me quedé dormida tejiendo, siempre en la misma terraza, me desperté derrepente con un sonido extraño que venía del canal de al lado. Me levanté de un salto y fui a mirar que pasaba.
Ahí estaba Elsa, nuestra Pata Gansa, que usaba gafas y que en vez de CUAC!, graznaba JUAS! y encima ahora toda colorada se encontraba atorada, pues Elsa, la Pata Gansa que usaba gafas, pipa fumaba. Me quedé de una pieza con mis alas enredadas, pues de la risa no paraba.

¡Ay! ¡¿Pero y como se le ocurre tamaña tontera a mi amiga Elsa, la Pata Gansa, querida Abuela mosca eterna, si eso no es para niñas y menos para Patas?!

Ese es el punto, querida Nieta Alberta. Elsa se parece tanto a Tí, que por jugar y divertirse no se da cuenta como se mete en problemas.

Aquel día llegó aleteando su Mamá Pata y al ver que yo la estaba ayudando, se le pasó un poco el enojo que traía al presentir que su Hija Elsa, la Pata Gansa se estaba ahogando.
Lo que nunca supo, pues con tu amiga hice un pacto, fue que Elsa, la Pata Gansa que usaba gafas y que en vez de CUAC! graznaba JUAS! …había estado fumando. Ese es nuestro secreto y ahora contigo lo comparto, pues a Elsa, la Pata Gansa que usaba gafas y que en vez de CUAC!, graznaba JUAS! ya le conté que contigo de vuelta viajaba.

Gracias, Abuelita Mosca eterna. ¡Le prometo portarme muy bien con mi nueva amiga Elsa, la Pata Gansa que usaba gafas y que en vez de CUAC!, graznaba JUAS! –jubilosa le decía Alberta, la mosquita muerta.

No me prometas más nada, por favor querida Nieta Alberta, que ya de pensarlo se me acaban las ganas de presentarlas.

¡jajaja! Reían y reían, la Abuela mosca eterna y Alberta, la mosquita muerta, mientras el tren continuaba su viaje y de a poco mas y mas al campo las acercaba y en especial a Alberta, para conocer a su nueva amiga Elsa.




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viernes, 20 de noviembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta, tuvo ceguera

Alberta, la mosquita muerta, tuvo ceguera



Alberta, la mosquita muerta
cuando chica sufrió ceguera,
aunque fue ceguera pasajera.

Tan juguetona era la Alberta
que un buen día pajareando
se decidió a volar de cabeza.

Alegre volaba muy contenta
riendo, mirando a todos lados;
quedó estrellada en una puerta.

Burros verdes con trompetas,
grillos enormes, todos bailando
en la pobre cabeza de Alberta.

Así quedó, moreteada y lerda.
Mamá y Papá muy asustados
porque quedó viendo leseras
fueron al Doctor de emergencia.


La llevaron al Mostalmólogo, aquel que atiende a los Moscos de sus ojos. Llegaron donde el Doctor Orozco, el mosco.
Orozco era un Doctor muy gruñón, mirón y tosco, pero del basural, el mejor Doctor de Moscos.
Al verlos agitados y temblorosos, accedió ver a su Hija casi muerta, pues no atendía pacientes menores; para él, los Moscosos chicos eran los peores.
Examinó a Alberta que estaba casi muerta, y de mala gana le dijo: párate aquí y te quedas muy quieta.
Alberta, que de por sí era muy inquieta, obligó a Mamá Mosca que la sostuviera de un ala para que no se moviera.
Orozco, el gruñón Doctor Mosco le dijo, luego de mirarla por todos lados: Mira con todos tus ojos hacia allá, ahora a la Mamá, al Papá, al suelo, al cielo, para atrás, girando y ahora, fíjalos en mí.
Con tanto esfuerzo, Alberta se mareó y sin quererlo, parada se hizo pipí.
Orozco el Mosco, enfadado gruño: Por eso no me gusta atender Moscosos chicos. Siempre hacen lo mismo; de pie y en mi dulce alfombra se hacen pipí.
Terminada la consulta, a Mamá Mosca le entregó su diagnóstico: Alberta, la mosquita casi muerta, sufría de ceguera pasajera y para ello, tendría que usar lente por toda la primavera.
¡Gracias Doctor Orozco! -gritó jubilosa y agradecida la Madre Mosca.
No me dé las gracias Señora Mosca, y en la receta repare: Su Hija muy mal se ha portado, así que en castigo usará lentes, pero lentes de contacto para cada ojo y deberá cambiárselos a diario y guardar reposo.
Sorpresa causó en todos. Papá Mosco no lo creía y Mamá Mosca se hizo la tonta. De igual forma todos salieron apenados por el largo tratamiento, incluso Alberta que, aunque no estaba muerta, entendió que debería aceptar el cruel castigo para sanarse de su ceguera pasajera.
Con un par de lentes hubiese sido fácil y la espera llevadera, pero con lentes de contacto en cada ojo y además cambiándoselos a diario, sería una tarea tan ardua que para jugar no le quedaría tiempo ni ideas.
Tan solo imaginen a nuestra pobre Alberta, la mosquita muerta, intentando poner cada lente de contacto en cada ojito y con mucho tacto, y al otro día de lugar cambiándolos.
Por 3 meses, Alberta no fue la Mosca juguetona y traviesa disfrutando su primavera, sino una mosca loca por sanarse pronto y volver a seguir jugando a volar de espalda, de cabeza o como fuera.

Aunque no vale la pena preguntarse ni contarles qué fue del Doctor Orozco, un secreto habré de confesarles: Orozco el Mosco, gruñón y tosco al despedirlos y cerrar la puerta, recordó el accidente de la mosquita muerta llamada Alberta y se echó a reír a carcajadas por el tratamiento dado a aquella Moscosa tan inquieta. Fue tanto lo que rió y rió y de tan buena gana, que sin darse cuenta de un cabezazo en su propia puerta perdió la cabeza y encima, un ojo.




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domingo, 15 de noviembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta

Alberta, la mosquita muerta



Volando se la pasaba jugueteando
zig-zagueante su hambre saciando.
A veces visita casas abandonadas
muchas otras basurales desolados.


La mosquita Alberta así la pasaba
sufriendo jaquecas, algo mareada.
Tantos ojos le habían sido dados
tanto mirar, no sabía qué miraba.


Un buen día aterrizó en un baño
el olor, era hedor; vaya humanos.
Fue tanto, que quedó angustiada.
Paró, pues no pudo seguir volando.


Alberta quedó perpleja, embobada
el olor la había dejado asqueada.
Nunca sintió, en su vida viajando
hedor como este, de la raza humana.


Se tapo sus narices y salió volando
huyendo de tan asqueroso escenario
sin embargo pronto se vio atrapada
cerraron la ventana, murió aleteando.


Pobre mosquita Alberta, abandonada
conoció el infierno, sus llamaradas.
Por buscar comida y andar vagando
en mosquita muerta fué tranformada.




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sábado, 14 de noviembre de 2009

Una Vez, Reiteración y ¡Para Ya !

Una Vez, Reiteración y ¡Para Ya !


Eránse Una Vez y su amiga Reiteración
jugaban alegres entonando una canción.

De memoria Una Vez citaba las estrofas
moviendo su cuerpo en compás armoniosa.

Reiteración se encargaba del estribillo
orgullosa manos arriba, ojos cristalinos.

Así la pasaban estas dos queridas amigas
sin discusiones entre ellas día tras día.



“Más no todo en la vida es siempre dicha
y les llegó la hora de romper su armonía”.



Esa tarde, Una Vez rondaba sus jardines
embeleciéndo rosas, tulipanes y jazmines.

A la misma hora, Reiteración se ocupaba
dando mimos y hablando al palo de agua.

Frente a la casa apareció de improviso
alquien que se les presentó como amigo.

Les había espiado a ambas impresionado
por sus bellezas y su jardín tan cuidado.



Aquel tipo saboreó sus nuevas carnadas,
y dió unos pasos adelante con prestancia.

Dos bellas y poco precavidas damiselas
a quienes nublar el día e infeliz verlas.

Una Vez sonrojada ante sus adulaciones
sus dulces palabras evocaban amores.

Reiteración no paraba en su coquetería
y guiño tras guiño al extraño perseguía.

Resultó ser ¡Para Ya! este desconocido
huraño demente, infeliz y sin buen juicio.

Cuando ¡Para Ya! las vió tan entregadas,
cual arpía sanguijuela sacó sus garras.

Una Vez cayó desangrada sin más llanto.
Reiteración su agonía frenar no lograba.

Atacadas sin contemplación y sin espanto
por el desconocido amigo que las halagaba.

Había vivido de Pueblos siempre expulsado
más hoy deliraba con jardín en nueva casa.

Bella Reiteración su canto finalmente calló
y la armonía de Una Vez simplemente murió.



….de la historia de ¡Para Ya!, ya sabrán..



::: Cristtoff WOLFtown © :::