miércoles, 23 de diciembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta y Sor Ayita, una tímida grillita

Alberta, la mosquita muerta y Sor Ayita, una tímida grillita


Como ya bien era su costumbre
Alberta, la mosquita muerta
retozaba en busca de banquetes.

Volar mosqueando de lado a lado
era su deleite el dar vueltas;
y disfrutar su vida de coctéles.

Pero hoy supo del nuevo basural;
por fortuna habrá nueva cena
dijo y partió en forma urgente.

Le salpicaban los mil y un ojos.
Se sentía la mejor aventurera;
vengan peligros y gentes nuevas.

Y así fue que, buscando afanosa
del susto quedó de una pieza;
¡un ser extraño tenía al frente!

Aterradas cayeron de espaldas
Alberta, la mosquita muerta
y Sor Ayita, una tímida grillita.

Una vez repuestas de la impresión, lentamente se fueron reincorporando.
Alberta, la mosquita muerta, sacudiendo sus alitas, aun con la cabeza dándole vueltas, mientras Sor Ayita, una tímida grillita, revisaba la afinación de sus traseras patitas con las cuales solía sacar muy bellas melodías.

Ambas se miraron fíjamente con los ojitos desorbitados, casi como grandes bolas de nieve. Alberta, la mosquita muerta, con toooooodos sus ojitos blancos, así que era más el susto de Sor Ayita, una tímida grillita, que al frente tenía una nube de ojitos saltones mirándole como si ella fuera la más fea pesadilla.

¡Que horror! –pensaba Sor Ayita, una tímida grillita.
Aquí el mayor susto me lo dí yo con una cosa negra como ésta llena de ojos.
Ohhh….y si fuera ciega ó quizá bizca? –seguía pensando para sí, Sor Ayita, una tímida grillita. Y en ello estalló de la risa, tan solo figurándose a ese vicho siendo ciego ó visco. ¡Vaya enredo de ojitos! Jajajaja –comenzó a reír sin parar y de hecho, sin quererlo, con sus traseras patitas acompañaba su risa de melodías.
Alberta, la mosquita muerta, que aun temblaba de susto, derrepente comenzó a escuchar aquella risa y se detuvo exclamando: ¡Vaya y bonita la cosa! Me vengo a topar con el más feo animal que a propósito me espanta, del miedo casi me mata y encima, se ríe aplaudiendo con sus traseras patitas! Enojada centró todas sus miradas sobre aquella criatura que, frente a ella se ría de tan buena gana, provocando cierta melodía con sus traseras patitas, como entonando un himno, una canción pero sin dejar su risa.

¡¿Quién eres tú, que aparte de reírte y chillar con tus traseras patitas te ríes de buena gana, siendo que yo aun me encuentro tan asustada?! –le increpó preguntando, Alberta, la mosquita muerta muy enojada y airada.

Sor Ayita, una tímida grillita, que luchaba con su risa e intentaba parar la melodía que sus traseras patitas producían sin quererlo siquiera, la miró de arriba abajo, sus ojitos, sus alas, su carita enojada y arrancó nuevas y mayores carcajadas, debiéndose tomar con sus manitos la barriga, pues ya de tanto reír le dolía. Lloraba. Lágrimas salían disparadas, mientras Sor Ayita, una tímida grillita, veía como Alberta, la mosquita muerta, aun más se enojaba y de negro pasaba a rojo, amarillo y celeste y ya le parecía que de enojo explotaba.

Alberta, la mosquita muerta, no lo creía. Aquella especie de vicho reía y reía y lo peor es que de ella. Sabía que se burlaba, pero sentido no le encontraba. ¿Por qué ríe tanto esta condenada?. Me habrá visto cara de payasa, acaso tendré mis alitas pintadas? –pensaba, mientras intentaba comprender lo que pasaba. Pero pronto eran tales las carcajadas y como aquella grillita se tomaba su barriguita y de risa lloraba, cayéndose de lado, tumbándose de espalda, que Alberta, la mosquita muerta, terminó cediendo y en un instante ya reía de tan buena gana como Sor Ayita, una tímida grillita.

Habrán estado el tiempo suficiente compartiendo aquella risa, como para terminar exhaustas y, de un momento a otro todo terminó.

Fue Sor Ayita, una tímida grillita, quien comenzó diciendo: Hola. Disculpa mi risa. Creo que me dejé llevar por mis pensamientos y mi cabecita algo creativa. No imaginas como te veías en mi mente. Pero no creas que me burlaba, pues yo también del susto caso termino ahogada.

Alberta, la mosquita muerta, hizo una mueca y respondió: No te preocupes. Me hizo muy bien reírme tanto y te lo debo a ti. Mi nombre es Alberta, la mosquita muerta, y venía buscando aventuras y comida, volando y jugueteando, pues eso me divierte y me alegra la vida.

¡JaJa! Yo soy Sor Ayita, una tímida grillita y aunque me viste riendo, en realidad soy muy tímida. Pasaba por aquí y se me ocurrió una melodía y en ello estaba afinando mis traseras patitas cuando apareciste de la nada y casi nos partimos la cabeza al chocar desprevenidas.

¡¿Eres una grillita?! – exclamó Alberta, la mosquita muerta.

¡Pues claro! ¿ó te parezco una elefanta con patitas chiquitas? –dijo risueña, Sor Ayita, una tímida grillita.

¡JaJaJa! - rió Alberta, la mosquita muerta. Claro que no pareces una elefanta, pero ¿cómo le hacías para sacar tan bellas melodías con tus traseras patitas mientras de mí reías y reías? Yo por más que muevo mis alitas cuando vuelo, nunca les he escuchado algún música, ni de noche ni de día.

¡Oh! Bueno, es que nací artista. Es lo que siempre me ha contado mi Mami grilla. Yo también vuelo, pero poquito, más bien creo que son largos saltitos los que me entretienen.

Así, juntas comenzaron a pasear por entre el entretenido basural, lleno de comida para nuestra amiga Alberta, la mosquita muerta, y de lugares para jugar a la escondida, para Sor Ayita, una tímida grillita.

De noche se les hizo y agotadas se las vio dormirse abrazadas a ratitos cuando la risa ó el cansancio se los permitían. Nuevas amigas había hecho el destino, tan disímiles, tan parecidas. Rieron todo el día. Alberta, la mosquita muerta, comiendo como si ayer no lo hubiese hecho, y Sor Ayita, una tímida grillita, divertida escondiéndose de Alberta, la mosquita muerta, para luego saltar por encima riendo y tocando sus bellas melodías.





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