miércoles, 17 de agosto de 2016

Alberta, la mosquita muerta, conoció a Simón, un perrito perezoso y regalón


Alberta, la mosquita muerta, un día de mucho Sol mientras jugaba volando de cabeza, pasó frente a la casa de Simón, un perrito perezoso que plácidamente dormía a pleno Sol.

Sorprendida quedó Alberta, la mosquita muerta - ¿Cómo puede estar a pleno Sol?

¡No puede ser, algo tengo que hacer! - pensó Alberta, la mosquita muerta y muy sigilosa se le acercó.

Ya estando más cerca de aquel perrito dormilón; juntó los labios y como pudo silbó.

Pero Simón seguía durmiendo. Alberta, la mosquita muerta, se le acercó más y logró divisar su nombre en su collar. Entonces y con todas sus fuerzas, gritó - ¡Oye, Simón!

El perrito Simón, que soñaba con un huesito sabrosón, asustado de su siesta despertó.

Una vez repuesto del susto, la miró y preguntó - ¿Por qué me despiertas?, ¿Quién eres para molestarme de esta manera?

Soy Alberta, y te grité porque estás a pleno Sol, Simón y eso te hará mucho daño - respondió Alberta, la mosquita muerta.

¡Para eso tengo mi pelaje, Alberta! ¿o acaso no te has dado cuenta? - gruñó Simón, el perrito perezoso, tendido aún a pleno Sol.

Tus pelos no te protegen lo suficiente, Simón; ponte a la sombra y duerme nuevamente si quieres – enojada respondió Alberta, la mosquita muerta.

Con mucha paciencia y esmero explicó Alberta a Simón el daño que hacían los rayos del Sol sobre nuestro cuerpo y que por ello había que tomar resguardos y cuidarse de ellos.

Simón entendió y moviendo la cola de lado a lado le agradeció; es que si bien Simón era un perrito perezoso, también era un perrito muy regalón.

Alberta, la mosquita muerta, más tranquila y ruborizada, pero aferrándose de una ramita le acotó - Gracias por entender, Simón ¡pero deja de mover tanto tu cola, que saldré volando como loca!

Riendo muy contenta y satisfecha se fue volando de vuelta Alberta, la mosquita muerta; había logrado explicar a Simón, el perrito perezoso y regalón, sobre los efectos dañinos de estar a pleno Sol.


CW

jueves, 30 de septiembre de 2010

No más cuentos de hadas

No más cuentos de hadas

Calladamente cerró sus ojitos y, simulando un profundo sueño, se quedó Edelmira esperando que su madre le regalara aquel tierno beso en la mejilla, tomara el libro de cuentos y apagara la luz en forma de despedida, dejando entreabierta la puerta luego de contarle una vez mas una de sus historias de princesas y hadas; historias tristes y finales felices.

Pero Edelmira, una vez sintiéndose sola, abre sus pupilas y vaga buscando en sus recuerdos, de noches y noches de cuentos y da cuenta que ninguna de aquellas dulces y hermosas princesitas eran como ella. Blanca Nieves; de piel blanca como la nieve y su cabello negro azulado, mientras La Bella Durmiente resaltaba con su piel también blanca y su pelo de un rubio resplandeciente; ninguna se parecía a Edelmira.

Puso sus piecitos delicadamente sobre la bajada de cama y caminó despacio, procurando no hacer mayor ruido, hacia el espejo largo y ovalado que sus padres le habían obsequiado para que se peinara y vistiera como aquellas princesas.

Encendió la lámpara del tocador y se detuvo. Se encontraba frente a frente con ella misma; contemplándose. Su pelo, su carita. Pasó sus manitos por el rostro, descubriendo sus pecas o manchitas de sol, como solían decirle papá y mamá.

Nunca seré una princesita como en los cuentos de mamá –pensó en voz alta mientras, sin complejos se miraba. ¿No se dará cuenta que no existen princesitas con pecas o colorinas como yo, que encima me la paso colorada? Ya no quiero jugar a ser princesa ni quiero tener un hada –lanzó en un último suspiro. Apagó la luz y se durmió plácida y tranquilamente abrazada a la almohada, como si recién se hubiese acostado tras jugar y jugar todo el día con sus amigas en la plaza, con su pelo revuelto, sus mejillas coloradas; una sonrisa feliz sin cuentos de hadas; agotada, como si ya fuese de madrugada.




::: Cristtoff Wolftown © :::

martes, 18 de mayo de 2010

¿Un amigio Mamia?

¿Un amigio Mamia?


¡Mamia, tengio un problemia, Mamia!

Tranquilio yo jugabia, yo tranquilio
a la pelotia, yo jugabia un partidio
y lleguió esie y me la robia, Mamia.


Mamia, Mamia ¿estiás tú sordia Mamia?
Dijie que esie vinio y me robió todio
y tu te alegrias Mamia; cerio apoyio.
Hijio, él es un amigio, Hijio acabia.


Mamia, Mamia ¿pero quié es un amigio?
¿esie quie no dejia juguiar y robia?
No Hijio,
amigio es quien contigio viá juguiar;
un compañerio y así no estiés solitio.


Esio Hijio..
es un amigio.





::: Cristtoff WOLFtown © :::

Pacita recita la Ballenita

"Pacita recita la Ballenita"


Recítanos Pacita- pedía la Tía.
Recítanos Pacita tu Ballenita..

Apenas avises que llega el Lobo
todos unidos seguiremos a coro,
¡Lobo de mar, no crean es otro!

Todos miran esperando a Pacita.
Bello recita Pacita su Ballenita.

Pero Pacita tiene penita. Ya no.
Ya no le gusta la parte del lobo;
le asusta oír sus gritos a coro.


A Nadie importa qué diga Pacita,
solo esperan recite su Ballenita.

Por dentro ensaya pero sin coros:


"Mi Ballenita va llenita
llenita mi Ballenita
nadando por la orillita
rascándose la guatita.

Alegre iba mi Ballenita
parecía Caperucita
una monumental Sirenita
de guatita llenita.

Mi Ballenita va llenita
pero por distraída
queda varada a la orilla
se asusta y grita
¡es el Lobo, es el Lobo!
¡de mar, no otro!
y se acerca a mi guatita
sáquenme al Lobo
que me asusta como mira.

Soy una Ballenita
que no quiere ser comida
”.



Todos miran esperando a Pacita.
pero Pacita hoy a Nadie recita.





::: Cristtoff WOLFtown © :::

viernes, 30 de abril de 2010

Carola Pata Coja (y sus 2 finales)

Carola Pata Coja (y sus 2 finales)


Terca como ella sola, como ninguna, decía su Abuela Cocoroca. La nieta predilecta sin escuchar consejo alguno se largó de casa, en fuga, para recorrer el camino que hiciera alguna vez la famosa y heroica Gallinita Trula.

El nombre de esta joven y osada; Carola Pata Coja.

Desde el cascarón había crecido asombrándose al alero de las historias de quien, para todo el establo y gallinero era digna de loas.

Cierto es que la porfía fue una de sus seudo-virtudes desde patita, mas ésta vez ni ella sabía hasta donde su instinto la conduciría; conocida era la historia de aquella proeza y que bien podría, sin desearlo, vivirla ella misma.

Recorrería paso a paso la misma ruta que, desesperada años atrás, hiciera su heroína dando una alerta catastrófica a todos quienes encontrara a su paso y sobreviviendo a ser devorada por Mili, una temeraria y salvaje Zorra.

No importando los peligros, de la misma forma entonces, Carola Pata Coja emprendió su camino en busca de todo rastro, invocando a la fortuna, a fieras esquivando, sorteando quebradas y suplicando no le fallara su patita coja tan bien entablillada.

Ten cuidado -escuchaba una voz interna Carola Pata Coja-. Ten cuidado con los extraños que por tu paso encuentres solitarios deambulando. Evítales y prosigue tu senda. No encontrarás a mis amigos; fueron en su tiempo devorados por aquella Zorra de quien, agudiza tus sentidos; podría tener descendencia y ser más rapaces y mortales sus hijos.

De memoria recitando los pasajes en que la Gallinita Trula iba sumando compañía a su empresa, Carola Pata Coja concentrada no dio cuenta de una gran fosa que delante se abría amenazante y, en menos de lo que canta un gallo cayó de bruces; encima, estrechando primero justo su patita coja.

Inconciente y magullada por completo quedo nuestra aventurera Carola Pata Coja sin dar señal alguna de pronta mejora.

Deben haber pasado horas antes de sentir unos golpecitos en la cabeza. Abrió los ojos lo más que pudo y, sacudiéndose un poco, logró mirar hacia arriba luego de encandilarse con la viva luz que le llegaba. Solo veía una silueta que le hablaba con ecos, arrojándole una cuerda hecha de lianas e instándola a sujetarse de ella. Arreglándoselas a mal traer, logró pasar la cuerda entre sus alitas y se entregó a su salvador ó salvadora que, de a poco y lentamente la subía.


[1er final]
No fue sino hasta llegar al umbral de la trampa en que hubo caído, cuando sintió el lastimador y certero zarpazo de un pequeño Zorro que feliz y contento celebraba la ocurrencia de haber ayudado a una pata malograda para saciar el hambre que por horas su panza amenazaba.

Carola Pata Coja no llegó a cumplir su sueño. Rotos quedaron el esfuerzo, la porfía y los días caminados para descubrir la ruta de su heroína la Gallinita Trula, quien salvó por milagro de un cruel destino pero sin heredar dicha suerte a quien, desde el cascarón, soñó emular su aventura y volver llena de orgullo para, a sus amigas, envidia provocarles contando que su osadía le habría hecho triunfar tal como aquella gallina.



[2do final]
No fue sino hasta llegar al umbral de la trampa en que hubo caído, cuando sintió el cálido abrazo de Cocoroca, la Abuela, sosteniéndole el cuerpo tras haberla izado con gran esfuerzo.

Mi nietecita hermosa. Verás, no alcanzaste a caminar siquiera 1 hora, cuando tu amigo Flavio el Ganso nos avisó que te encontrabas muy herida y que necesitaba ayuda para sacarte de un gran foso con vida. Nos movilizamos rápido y tejimos esta liana que arrojamos y luego entre todos despertarte intentamos. Sonrojada, Carola Pata Coja solo daba y daba a todos las gracias.

Fue así como Carola Pata Coja comprendió que la porfía y la intención de provocar envidias no siempre son nuestras mejores guías y que vale la pena aceptar consejos para afrontar mejor nuestros sueños y retos.





::: Cristtoff WOLFtown © :::

sábado, 17 de abril de 2010

El escape de Pedrito

El escape de Pedrito


A Pedrito - si, el mismo chiquito personaje tan típico, ya se de Cuentos ya sea de Chistes- , se le ocurrió salir de paseo un Domingo. Día para muchos de descanso, no así para Pedrito, un niño inteligente, inquieto y muy extrovertido.

Había tomado ciertas precauciones ayer Sábado; sería Día Domingo, la familia se uniría, afuera ni a jugar salían siquiera sus amigos, ósea un día completamente aburrido.

Por ende es que al despertarse muy temprano y luego de asegurarse dormían aun sus hermanos, se aprovisionó de juguetes y un balón; estaba listo. Fuera donde fuere.

Cerró la puerta sigilosamente, acomodándose un sweater de lino que ayer le trajera de regalo su Tío y, tras cruzar el umbral, hubo de volver sobre sus pasos y entrar ¡las paletas de Miguel debía llevarlas también!

Deteniendo inclusive la respiración, comenzó la ardua tarea para "salir de casa".

El largo pasillo que le separaba de la escala al primer piso unía todos los dormitorios, incluyendo el de sus Padres.

Paso a paso, cuidándose de no trastabillar y a cuestas cargando su saco (mochila de campaña) comenzaba su odisea de escape.

Papá roncaba, lo hacía todo el tiempo, inclusive en cada siesta. Sin embargo Mamá, Mamá podría ya estar despierta.

Pedrito tanteando el camino fue de a poco avanzando, sigiloso, la mayor proeza era salir airoso. Quedaban al ojo, unos 20 pasos; los había contado durante la noche recordando cada centímetro, repasando una y otra vez inclusive el cómo darlos.

El silencio que era total, sepulcral. El corazón detenido, sus manos sudando frío, todo su cuerpo rígido acompañando cada mínimo movimiento que se atrevía a dar. 10 pasos, 10 pasos y lo habría logrado. 9…9 pasos, ya estaba casi listo. Se daba ánimo mentalmente:”ánimo Pedrito, yo sé que puedo”. La mochila le resultaba más pesada y no era tiempo de sacar mas nada.

Un crujido. No era él. Se detuvo. Cada segundo, eran minutos, horas. No se atrevía siquiera a respirar. ¿Devolverse? Retroceder nunca, rendirse jamás. La consigna que le había quedado de una película de acción. Hoy debía ser aquel héroe y terminar su hazaña. Otro crujido. Se devolvió pausado rebuscando con su mirada alguna puerta semi abierta y por debajo. ¿Algo se le habrá caído? –se preguntaba tembloroso.

¿Eres tú Pedrito? ¡Gracias por levantarte tan temprano, hijito hermoso!. Pon la mesa que yo bajo al instante a preparar el desayuno y las cosas para este gran día Domingo. Seguro tus hermanos siguen durmiendo. Ay, ese par de flojitos, podrían ser como mi bello Pedrito. ¡Papá despierta, nos ganó nuestro Hijo!

Fue todo lo que escuchó desde la pieza de sus Padres y con ello el mundo entero a través de su mochila comenzaba a desmoronarse, a derrumbarse sobre sus hombros a tan solo 9 pasos de la escala, de su aventura por salvarse de un Domingo bien Fomingo, sin amigos con quien jugar, sin salir a ninguna parte.





::: Cristtoff WOLFtown © :::

viernes, 5 de marzo de 2010

Alejo, Don Puerco, el Cochinito Viajero

Alejo, Don Puerco, el Cochinito Viajero


Un Cochinito viajero que se creía marinero, ha estado viajando en busca de su Cochinita de ciudad en ciudad y de Puerco...perdón, de Puerto en Puerto.

Este Cochinito viajero que se creía marinero, aseguraba llamarse Alejo, Alejo Don Puerco, pero nadie le respetaba en su pasar ni creían en su soñador desvelo.

Pobre Alejo Don Puerco, tan simpático Cochinito viajero que, creyéndose marinero, no ha podido darse a valer ni como viajero ni dado con horizontes de marinero.

Dicen, sin embargo, que en su último desembarco por los confines del mundo y del que se cuentan mil y un versiones a destajo, le habrían visto muy de la mano con una joven Doncella Cochinita, de quien hasta sus padres habrían agotado toda esperanza de contraerle nupcias ó siquiera ver a alguien de Ella enamorado.

Resulta que Alejo Don Puerco, nuestro Cochinito viajero que se hacía pasar por marinero, logró en aquel Puerto encontrar el amor y de paso, coronarse con el no menor honorífico fuero de Príncipe Heredero del Reinado de los más nobles y fétidos puercos.

Fue así como luego, y tras participar de cuanta vida social le trajo consigo su nueva vida, comenzó el viaje de regreso. Quería llegar justo al punto donde, noche tras noche, había deleitado a su amada contándole cada hazaña y cada reto que su esquivo destino le había en el camino puesto.

Se paseó sonriente y sencillo por cada lugar en que había estado de paso, recorriendo muy feliz y de la mano con su Cochinita viajera y ahora marinera, cuanto lugar a Ella le había contado, saludando a toda la gente que antaño de él, mas que reír, habían festinado.

Y llegó. Llegó Alejo, hoy Alejo Don Puerco, aquel Cochinito que se creía viajero y marinero a su lugar de origen feliz y muy contento de la mano de su Cochinita Doncella a visitar a sus Padres y con ellos, tras largo viaje, junto a una docena de Cochinitos también viajeros que, con el correr del tiempo, llegaron paraditos e inquietos sin dejar de preguntarle a sus Abuelos por las historias que su papito Cochinito les hubiera omitido al verse tan feliz junto a mamá Cochinita, a quien, según se hablaba de boca en boca y en todos los Pueblos, hasta el confín del mundo había estado buscando con tanto ahínco, con el mayor de los esfuerzos de un Cochinito cualquiera que se hizo viajero y finalmente el mas afortunado marinero.





::: Cristtoff WOLFtown © :::