sábado, 17 de abril de 2010

El escape de Pedrito

El escape de Pedrito


A Pedrito - si, el mismo chiquito personaje tan típico, ya se de Cuentos ya sea de Chistes- , se le ocurrió salir de paseo un Domingo. Día para muchos de descanso, no así para Pedrito, un niño inteligente, inquieto y muy extrovertido.

Había tomado ciertas precauciones ayer Sábado; sería Día Domingo, la familia se uniría, afuera ni a jugar salían siquiera sus amigos, ósea un día completamente aburrido.

Por ende es que al despertarse muy temprano y luego de asegurarse dormían aun sus hermanos, se aprovisionó de juguetes y un balón; estaba listo. Fuera donde fuere.

Cerró la puerta sigilosamente, acomodándose un sweater de lino que ayer le trajera de regalo su Tío y, tras cruzar el umbral, hubo de volver sobre sus pasos y entrar ¡las paletas de Miguel debía llevarlas también!

Deteniendo inclusive la respiración, comenzó la ardua tarea para "salir de casa".

El largo pasillo que le separaba de la escala al primer piso unía todos los dormitorios, incluyendo el de sus Padres.

Paso a paso, cuidándose de no trastabillar y a cuestas cargando su saco (mochila de campaña) comenzaba su odisea de escape.

Papá roncaba, lo hacía todo el tiempo, inclusive en cada siesta. Sin embargo Mamá, Mamá podría ya estar despierta.

Pedrito tanteando el camino fue de a poco avanzando, sigiloso, la mayor proeza era salir airoso. Quedaban al ojo, unos 20 pasos; los había contado durante la noche recordando cada centímetro, repasando una y otra vez inclusive el cómo darlos.

El silencio que era total, sepulcral. El corazón detenido, sus manos sudando frío, todo su cuerpo rígido acompañando cada mínimo movimiento que se atrevía a dar. 10 pasos, 10 pasos y lo habría logrado. 9…9 pasos, ya estaba casi listo. Se daba ánimo mentalmente:”ánimo Pedrito, yo sé que puedo”. La mochila le resultaba más pesada y no era tiempo de sacar mas nada.

Un crujido. No era él. Se detuvo. Cada segundo, eran minutos, horas. No se atrevía siquiera a respirar. ¿Devolverse? Retroceder nunca, rendirse jamás. La consigna que le había quedado de una película de acción. Hoy debía ser aquel héroe y terminar su hazaña. Otro crujido. Se devolvió pausado rebuscando con su mirada alguna puerta semi abierta y por debajo. ¿Algo se le habrá caído? –se preguntaba tembloroso.

¿Eres tú Pedrito? ¡Gracias por levantarte tan temprano, hijito hermoso!. Pon la mesa que yo bajo al instante a preparar el desayuno y las cosas para este gran día Domingo. Seguro tus hermanos siguen durmiendo. Ay, ese par de flojitos, podrían ser como mi bello Pedrito. ¡Papá despierta, nos ganó nuestro Hijo!

Fue todo lo que escuchó desde la pieza de sus Padres y con ello el mundo entero a través de su mochila comenzaba a desmoronarse, a derrumbarse sobre sus hombros a tan solo 9 pasos de la escala, de su aventura por salvarse de un Domingo bien Fomingo, sin amigos con quien jugar, sin salir a ninguna parte.





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