Un Cochinito viajero que se creía marinero, ha estado viajando en busca de su Cochinita de ciudad en ciudad y de Puerco...perdón, de Puerto en Puerto.
Este Cochinito viajero que se creía marinero, aseguraba llamarse Alejo, Alejo Don Puerco, pero nadie le respetaba en su pasar ni creían en su soñador desvelo.
Pobre Alejo Don Puerco, tan simpático Cochinito viajero que, creyéndose marinero, no ha podido darse a valer ni como viajero ni dado con horizontes de marinero.
Dicen, sin embargo, que en su último desembarco por los confines del mundo y del que se cuentan mil y un versiones a destajo, le habrían visto muy de la mano con una joven Doncella Cochinita, de quien hasta sus padres habrían agotado toda esperanza de contraerle nupcias ó siquiera ver a alguien de Ella enamorado.
Resulta que Alejo Don Puerco, nuestro Cochinito viajero que se hacía pasar por marinero, logró en aquel Puerto encontrar el amor y de paso, coronarse con el no menor honorífico fuero de Príncipe Heredero del Reinado de los más nobles y fétidos puercos.
Fue así como luego, y tras participar de cuanta vida social le trajo consigo su nueva vida, comenzó el viaje de regreso. Quería llegar justo al punto donde, noche tras noche, había deleitado a su amada contándole cada hazaña y cada reto que su esquivo destino le había en el camino puesto.
Se paseó sonriente y sencillo por cada lugar en que había estado de paso, recorriendo muy feliz y de la mano con su Cochinita viajera y ahora marinera, cuanto lugar a Ella le había contado, saludando a toda la gente que antaño de él, mas que reír, habían festinado.
Y llegó. Llegó Alejo, hoy Alejo Don Puerco, aquel Cochinito que se creía viajero y marinero a su lugar de origen feliz y muy contento de la mano de su Cochinita Doncella a visitar a sus Padres y con ellos, tras largo viaje, junto a una docena de Cochinitos también viajeros que, con el correr del tiempo, llegaron paraditos e inquietos sin dejar de preguntarle a sus Abuelos por las historias que su papito Cochinito les hubiera omitido al verse tan feliz junto a mamá Cochinita, a quien, según se hablaba de boca en boca y en todos los Pueblos, hasta el confín del mundo había estado buscando con tanto ahínco, con el mayor de los esfuerzos de un Cochinito cualquiera que se hizo viajero y finalmente el mas afortunado marinero.
Sobre el tejado de la casa vecina, se encontraba un Gato altanero y perezoso, que cada noche subía a recitar desafinadas tonadas como si algún día fuese a enamorar a alguna que otra sorda Gata.
Tocó que cierta noche, lo perezoso le pasó la cuenta y en lugar de ir al baño, se orinó donde mismo estaba. No se inmutó; subió el mentón y volvió a lo suyo como si nada.
Sin embargo, en lugar de seducir a ronroneadoras Gatas, lo que lo que atrajo fue una bandada de Moscas que, de su hedor quedaron prendadas.
Desde esa noche, aquel Gato altanero y perezoso, por más que se arrancaba y entre árboles esquivaba, no pudo sacarse de encima aquella bandada de Moscas que a todos lados le seguían; de su mal olor cautivadas.
Alberta, la mosquita muerta
cuando chica sufrió ceguera,
aunque fue ceguera pasajera.
Tan juguetona era la Alberta
que un buen día pajareando
se decidió a volar de cabeza.
Alegre volaba muy contenta
riendo, mirando a todos lados;
quedó estrellada en una puerta.
Burros verdes con trompetas,
grillos enormes, todos bailando
en la pobre cabeza de Alberta.
Así quedó, moreteada y lerda.
Mamá y Papá muy asustados
porque quedó viendo leseras
fueron al Doctor de emergencia.
La llevaron al Mostalmólogo, aquel que atiende a los Moscos de sus ojos. Llegaron donde el Doctor Orozco, el mosco.
Orozco era un Doctor muy gruñón, mirón y tosco, pero del basural, el mejor Doctor de Moscos.
Al verlos agitados y temblorosos, accedió ver a su Hija casi muerta, pues no atendía pacientes menores; para él, los Moscosos chicos eran los peores.
Examinó a Alberta que estaba casi muerta, y de mala gana le dijo: párate aquí y te quedas muy quieta.
Alberta, que de por sí era muy inquieta, obligó a Mamá Mosca que la sostuviera de un ala para que no se moviera.
Orozco, el gruñón Doctor Mosco le dijo, luego de mirarla por todos lados: Mira con todos tus ojos hacia allá, ahora a la Mamá, al Papá, al suelo, al cielo, para atrás, girando y ahora, fíjalos en mí.
Con tanto esfuerzo, Alberta se mareó y sin quererlo, parada se hizo pipí.
Orozco el Mosco, enfadado gruño: Por eso no me gusta atender Moscosos chicos. Siempre hacen lo mismo; de pie y en mi dulce alfombra se hacen pipí.
Terminada la consulta, a Mamá Mosca le entregó su diagnóstico: Alberta, la mosquita casi muerta, sufría de ceguera pasajera y para ello, tendría que usar lente por toda la primavera.
¡Gracias Doctor Orozco! -gritó jubilosa y agradecida la Madre Mosca.
No me dé las gracias Señora Mosca, y en la receta repare: Su Hija muy mal se ha portado, así que en castigo usará lentes, pero lentes de contacto para cada ojo y deberá cambiárselos a diario y guardar reposo.
Sorpresa causó en todos. Papá Mosco no lo creía y Mamá Mosca se hizo la tonta. De igual forma todos salieron apenados por el largo tratamiento, incluso Alberta que, aunque no estaba muerta, entendió que debería aceptar el cruel castigo para sanarse de su ceguera pasajera.
Con un par de lentes hubiese sido fácil y la espera llevadera, pero con lentes de contacto en cada ojo y además cambiándoselos a diario, sería una tarea tan ardua que para jugar no le quedaría tiempo ni ideas.
Tan solo imaginen a nuestra pobre Alberta, la mosquita muerta, intentando poner cada lente de contacto en cada ojito y con mucho tacto, y al otro día de lugar cambiándolos.
Por 3 meses, Alberta no fue la Mosca juguetona y traviesa disfrutando su primavera, sino una mosca loca por sanarse pronto y volver a seguir jugando a volar de espalda, de cabeza o como fuera.
Aunque no vale la pena preguntarse ni contarles qué fue del Doctor Orozco, un secreto habré de confesarles: Orozco el Mosco, gruñón y tosco al despedirlos y cerrar la puerta, recordó el accidente de la mosquita muerta llamada Alberta y se echó a reír a carcajadas por el tratamiento dado a aquella Moscosa tan inquieta. Fue tanto lo que rió y rió y de tan buena gana, que sin darse cuenta de un cabezazo en su propia puerta perdió la cabeza y encima, un ojo.
Una Hormiguita cabezona, caminaba cabizbaja y muy sola.
Venía del trabajo que hoy, a pleno Sol, había resultado aun más pesado. ¡Y como no! si todas sus compañeras rieron y festinaron de ella a destajo.
Realmente hay días y días..y hoy, no se debería haber levantado y mucho peor, no debiese haberse despertado.
Suspirando mientras caminaba, recordaba aquella mañana en que sus ojos se abrieron tras un exquisito y dulce sueño en el que viajaba por mil y un parajes luciendo una armadura plateada, conquistando nichos y derrotando fieros Dragoneacos Osos Hormigueros.
Así es. Muy temprano sonaron sus despertadores. Algo atontada y de paso asustada, se levantó para arreglarse y salir a otra larga, fatigadora pero alegre jornada.
Zapatos listos, su traje negro impecable para el saludo a la Reina alada, pero una vez cerca del espejo.... ¡¡ GUAAAAAU !! ¡¡ QUÉ PASÓ AQUÍ !! .. retumbó por cada nido y en todos los departamentos del hormiguero..y aun más allá.
SU CARA. No, ¡SU CABEZA! ¡Era del porte de una calabaza gigante! ¡¿Qué sucede?! Se dio vuelta asustada...tropezando con ella misma. Luego se volvió tímidamente y.. ¡Sí, ahí estaba!
Una cabezota 3 veces más grande de lo que desde pequeñita acostumbraba.
¡ Nooooooooooooooooooooooo ! Pero como ha sucedido esto -se preguntaba, intentando posar su cabeza -hoy cabezota, en sus manos, manos que hoy no la resistían ni la soportaban.
¡Tan bello sueño, tan laaaarga noche de descanso para esto! -gritó y vociferó por el vecindario. Abría y cerraba su puerta, a golpes dando vueltas vociferando por sus aposentos.
Y encima es hora de salir ¡y no puedo irme así! Pobre Hormiga..si hasta el espejo de ella se compadecía.
Tuvo que salir, cabeza gacha y con una bufanda enrollada intentando simular que solo iba un tanto abrigada, pese al calor que desde temprano a su tierra asolaba.
Era mirada en su trayecto al caminar aun atontada. No. Debo admitir que la pobre no tan solo era "mirada" en su trayecto por cada integrante de aquel gran nido, sino que se iba sintiendo "vejada". Todos quedaban espantados al verla continuar su paso como si nada.
¿Qué es eso que viene caminando, ahí? -murmuraban. Era tanto el alboroto que atrás dejaba, que la vergüenza casi la respiración le quitaba.
Pobre Hormiguita. Así transcurrió todo su día. Negro como su trabajado cuerpo. Transportó comida cada hora del día siguiendo a sus pares y seguida por las demáses. Pasó la tarde sin hablar. Ya bastante tenía con que la miraran de arriba abajo y le dedicaran unas risitas cansadas pero hostigadoras.
Llegó por fin la hora del de término de la jornada. Nunca lo había deseado con tanto fervor. Dejó sus cosas, pasó a las duchas. Aun conservaba y del mismo tamaño, aquella cabezota con la cual hoy se vio despertada.
Salió a trancos largos y se adentró por las oscuras calles que aun mantenían en sus adoquines el calor de un sol quemante.
A saltitos continuó hasta que ya se refrescaba de a poco su andar.
Sin embargo, de un momento a otro sintió un pequeño golpe y luego el estruendo de “algo” que se hubiese derribado justo a su lado.
Se quedó inmóvil, alerta. Sus antenitas desvariando.
Una gran sombra no le permitía ver más allá de sus narices. Tras una ojeada cuidadosa, paso a paso se fue dando cuenta que aquel tumulto abandonado con la fuerza de la gravedad en su contra, era un hombre…un…. ¡un hombre!
Si saber como, había botado a ese humano. Enoooorme fue la adrenalina que la sobresaltó y le hizo olvidar tan rápidamente el calvario que había significado ese día.
¡Lo boté yo, YO SOLITA! –se repetía una y otra vez, mientras continuaba su camino mirando hacia atrás y golpeándose el pecho de orgullo. He votado solita a un humano que aun no puede volver en sí…¡y todo gracias a esta cabezota!
Así, esta Hormiguita Cabezona encontró sin querer queriendo una salvadora forma de torcerle la mano a un desdichado día; se dedicaría a botar humanos.
PAMMM, CRAFFFF, ¡AYYYY! … comenzaron a tronar en el suelo tras cada caída, mientras ella a escondidas, no se podía su cabeza de tanto orgullo y maliciosa risa.
PAMMM, CRAFFFF, ¡AYYYY!… siguieron cayendo a lo largo de la noche.
Cruzando un puente, se encontró frente a frente con 2 hombres avanzando hacia ella embarazosamente abrazados. Uno dando zancadas fuertes debido al peso del otro que en él iba apoyado. Los vio y decidió que lo mejor era botar a ese que soportaba el peso del otro y así caerían ambos. Puso su cabezota en el momento exacto y ¡PAAAAF, AYYYY!, ambos cayeron juntos y de lado. Aun adoloridos y ella petrificada mirando, se los quedó escuchando, pues el segundo se reía tan sonoramente del primero que ella de a poco se fue contagiando. Se apretaba la guata de verlos y escucharlos, pues uno decía entre su risa: ¡Seguramente me dirás que te botó una Hormiga Cabezona, bendito amigo que además me has estado cargando. Estás mas ebrio que yo ¡Jajaja!
Rió y rió de buena gana y su paseo siguió.….hasta que sin darse cuenta nuevamente, a un hombre barrigón y de gran tamaño botó sin desearlo. Con tal mala suerte, que aquel hombre cayó encima del Hormiguero.
Todas sus hermanas y compañeras de trabajo y aposentos salieron disparadas. La gran torre exterior de su Hormiguero fue completamente destruida y hasta la Reina tuvo que salir corriendo con ayuda de sus escoltas.
Mientras tanto, nuestra famosa Hormiguita Cabezona pensando que había bajado a otro mortal y ordinario humano reía de buena gana, emprendió camino de vuelta a casa hasta que, casi cuando terminaba de recorrer el cuerpo de aquel ultimo ser abatido, no vio la torre característica de su hogar.
Dio la vuelta, miró en todas direcciones y escaló el cuerpo inconsciente de aquel hombre y, al ver su cabeza reposando en la tierra, comprendió que esta última vez su juego la llevó a provocar el derrumbe completo de toda su comunidad y sofocada por el terror emprendió una huída veloz, antes que los guardias de palacio comenzaran a indagar sobre el por qué de aquel hombre en sus tierras.
Corrió y corrió toda la noche sin descanso alguno, sin mirar atrás y sin cansancio, aun soportando tan grande cabezota sobre sus hombros. Corrió y corrió hasta que sin saber cómo ni cuando derrotada e inconsciente cayó.
Deben haber pasado días.
Al despertar, aun tambaleante, se dio cuenta que estaba en SU hogar, en SU cama y, al encontrarse sin dificultad frente a su espejo, pudo comprobar que todo y cuanto pasó había sido solo un sueño.
Salió de buena gana a dar un paseo y al llegar a la esquina, encontró una multitud de sus amigos que, aparte de no tomarla en cuenta, estaban distraídos observando una enorme sombra a lo lejos. Al parecer, durante la noche, había andado rondando una gran Hormiga y según las voces de quienes aseguran haberla visto, aquella se dedicó a jugar botando a todo humano que se topaba en su andar y serían miles los damnificados en otros Hormigueros gracias a su mal habido obrar.
¿Un sueño? –se maldijo por dentro. ¡Pero si estoy normal! Mi cabeza ha vuelto a ser la misma y nadie siquiera me mira. Qué habrá pasado…¿seré yo?