viernes, 30 de abril de 2010

Carola Pata Coja (y sus 2 finales)

Carola Pata Coja (y sus 2 finales)


Terca como ella sola, como ninguna, decía su Abuela Cocoroca. La nieta predilecta sin escuchar consejo alguno se largó de casa, en fuga, para recorrer el camino que hiciera alguna vez la famosa y heroica Gallinita Trula.

El nombre de esta joven y osada; Carola Pata Coja.

Desde el cascarón había crecido asombrándose al alero de las historias de quien, para todo el establo y gallinero era digna de loas.

Cierto es que la porfía fue una de sus seudo-virtudes desde patita, mas ésta vez ni ella sabía hasta donde su instinto la conduciría; conocida era la historia de aquella proeza y que bien podría, sin desearlo, vivirla ella misma.

Recorrería paso a paso la misma ruta que, desesperada años atrás, hiciera su heroína dando una alerta catastrófica a todos quienes encontrara a su paso y sobreviviendo a ser devorada por Mili, una temeraria y salvaje Zorra.

No importando los peligros, de la misma forma entonces, Carola Pata Coja emprendió su camino en busca de todo rastro, invocando a la fortuna, a fieras esquivando, sorteando quebradas y suplicando no le fallara su patita coja tan bien entablillada.

Ten cuidado -escuchaba una voz interna Carola Pata Coja-. Ten cuidado con los extraños que por tu paso encuentres solitarios deambulando. Evítales y prosigue tu senda. No encontrarás a mis amigos; fueron en su tiempo devorados por aquella Zorra de quien, agudiza tus sentidos; podría tener descendencia y ser más rapaces y mortales sus hijos.

De memoria recitando los pasajes en que la Gallinita Trula iba sumando compañía a su empresa, Carola Pata Coja concentrada no dio cuenta de una gran fosa que delante se abría amenazante y, en menos de lo que canta un gallo cayó de bruces; encima, estrechando primero justo su patita coja.

Inconciente y magullada por completo quedo nuestra aventurera Carola Pata Coja sin dar señal alguna de pronta mejora.

Deben haber pasado horas antes de sentir unos golpecitos en la cabeza. Abrió los ojos lo más que pudo y, sacudiéndose un poco, logró mirar hacia arriba luego de encandilarse con la viva luz que le llegaba. Solo veía una silueta que le hablaba con ecos, arrojándole una cuerda hecha de lianas e instándola a sujetarse de ella. Arreglándoselas a mal traer, logró pasar la cuerda entre sus alitas y se entregó a su salvador ó salvadora que, de a poco y lentamente la subía.


[1er final]
No fue sino hasta llegar al umbral de la trampa en que hubo caído, cuando sintió el lastimador y certero zarpazo de un pequeño Zorro que feliz y contento celebraba la ocurrencia de haber ayudado a una pata malograda para saciar el hambre que por horas su panza amenazaba.

Carola Pata Coja no llegó a cumplir su sueño. Rotos quedaron el esfuerzo, la porfía y los días caminados para descubrir la ruta de su heroína la Gallinita Trula, quien salvó por milagro de un cruel destino pero sin heredar dicha suerte a quien, desde el cascarón, soñó emular su aventura y volver llena de orgullo para, a sus amigas, envidia provocarles contando que su osadía le habría hecho triunfar tal como aquella gallina.



[2do final]
No fue sino hasta llegar al umbral de la trampa en que hubo caído, cuando sintió el cálido abrazo de Cocoroca, la Abuela, sosteniéndole el cuerpo tras haberla izado con gran esfuerzo.

Mi nietecita hermosa. Verás, no alcanzaste a caminar siquiera 1 hora, cuando tu amigo Flavio el Ganso nos avisó que te encontrabas muy herida y que necesitaba ayuda para sacarte de un gran foso con vida. Nos movilizamos rápido y tejimos esta liana que arrojamos y luego entre todos despertarte intentamos. Sonrojada, Carola Pata Coja solo daba y daba a todos las gracias.

Fue así como Carola Pata Coja comprendió que la porfía y la intención de provocar envidias no siempre son nuestras mejores guías y que vale la pena aceptar consejos para afrontar mejor nuestros sueños y retos.





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sábado, 17 de abril de 2010

El escape de Pedrito

El escape de Pedrito


A Pedrito - si, el mismo chiquito personaje tan típico, ya se de Cuentos ya sea de Chistes- , se le ocurrió salir de paseo un Domingo. Día para muchos de descanso, no así para Pedrito, un niño inteligente, inquieto y muy extrovertido.

Había tomado ciertas precauciones ayer Sábado; sería Día Domingo, la familia se uniría, afuera ni a jugar salían siquiera sus amigos, ósea un día completamente aburrido.

Por ende es que al despertarse muy temprano y luego de asegurarse dormían aun sus hermanos, se aprovisionó de juguetes y un balón; estaba listo. Fuera donde fuere.

Cerró la puerta sigilosamente, acomodándose un sweater de lino que ayer le trajera de regalo su Tío y, tras cruzar el umbral, hubo de volver sobre sus pasos y entrar ¡las paletas de Miguel debía llevarlas también!

Deteniendo inclusive la respiración, comenzó la ardua tarea para "salir de casa".

El largo pasillo que le separaba de la escala al primer piso unía todos los dormitorios, incluyendo el de sus Padres.

Paso a paso, cuidándose de no trastabillar y a cuestas cargando su saco (mochila de campaña) comenzaba su odisea de escape.

Papá roncaba, lo hacía todo el tiempo, inclusive en cada siesta. Sin embargo Mamá, Mamá podría ya estar despierta.

Pedrito tanteando el camino fue de a poco avanzando, sigiloso, la mayor proeza era salir airoso. Quedaban al ojo, unos 20 pasos; los había contado durante la noche recordando cada centímetro, repasando una y otra vez inclusive el cómo darlos.

El silencio que era total, sepulcral. El corazón detenido, sus manos sudando frío, todo su cuerpo rígido acompañando cada mínimo movimiento que se atrevía a dar. 10 pasos, 10 pasos y lo habría logrado. 9…9 pasos, ya estaba casi listo. Se daba ánimo mentalmente:”ánimo Pedrito, yo sé que puedo”. La mochila le resultaba más pesada y no era tiempo de sacar mas nada.

Un crujido. No era él. Se detuvo. Cada segundo, eran minutos, horas. No se atrevía siquiera a respirar. ¿Devolverse? Retroceder nunca, rendirse jamás. La consigna que le había quedado de una película de acción. Hoy debía ser aquel héroe y terminar su hazaña. Otro crujido. Se devolvió pausado rebuscando con su mirada alguna puerta semi abierta y por debajo. ¿Algo se le habrá caído? –se preguntaba tembloroso.

¿Eres tú Pedrito? ¡Gracias por levantarte tan temprano, hijito hermoso!. Pon la mesa que yo bajo al instante a preparar el desayuno y las cosas para este gran día Domingo. Seguro tus hermanos siguen durmiendo. Ay, ese par de flojitos, podrían ser como mi bello Pedrito. ¡Papá despierta, nos ganó nuestro Hijo!

Fue todo lo que escuchó desde la pieza de sus Padres y con ello el mundo entero a través de su mochila comenzaba a desmoronarse, a derrumbarse sobre sus hombros a tan solo 9 pasos de la escala, de su aventura por salvarse de un Domingo bien Fomingo, sin amigos con quien jugar, sin salir a ninguna parte.





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viernes, 5 de marzo de 2010

Alejo, Don Puerco, el Cochinito Viajero

Alejo, Don Puerco, el Cochinito Viajero


Un Cochinito viajero que se creía marinero, ha estado viajando en busca de su Cochinita de ciudad en ciudad y de Puerco...perdón, de Puerto en Puerto.

Este Cochinito viajero que se creía marinero, aseguraba llamarse Alejo, Alejo Don Puerco, pero nadie le respetaba en su pasar ni creían en su soñador desvelo.

Pobre Alejo Don Puerco, tan simpático Cochinito viajero que, creyéndose marinero, no ha podido darse a valer ni como viajero ni dado con horizontes de marinero.

Dicen, sin embargo, que en su último desembarco por los confines del mundo y del que se cuentan mil y un versiones a destajo, le habrían visto muy de la mano con una joven Doncella Cochinita, de quien hasta sus padres habrían agotado toda esperanza de contraerle nupcias ó siquiera ver a alguien de Ella enamorado.

Resulta que Alejo Don Puerco, nuestro Cochinito viajero que se hacía pasar por marinero, logró en aquel Puerto encontrar el amor y de paso, coronarse con el no menor honorífico fuero de Príncipe Heredero del Reinado de los más nobles y fétidos puercos.

Fue así como luego, y tras participar de cuanta vida social le trajo consigo su nueva vida, comenzó el viaje de regreso. Quería llegar justo al punto donde, noche tras noche, había deleitado a su amada contándole cada hazaña y cada reto que su esquivo destino le había en el camino puesto.

Se paseó sonriente y sencillo por cada lugar en que había estado de paso, recorriendo muy feliz y de la mano con su Cochinita viajera y ahora marinera, cuanto lugar a Ella le había contado, saludando a toda la gente que antaño de él, mas que reír, habían festinado.

Y llegó. Llegó Alejo, hoy Alejo Don Puerco, aquel Cochinito que se creía viajero y marinero a su lugar de origen feliz y muy contento de la mano de su Cochinita Doncella a visitar a sus Padres y con ellos, tras largo viaje, junto a una docena de Cochinitos también viajeros que, con el correr del tiempo, llegaron paraditos e inquietos sin dejar de preguntarle a sus Abuelos por las historias que su papito Cochinito les hubiera omitido al verse tan feliz junto a mamá Cochinita, a quien, según se hablaba de boca en boca y en todos los Pueblos, hasta el confín del mundo había estado buscando con tanto ahínco, con el mayor de los esfuerzos de un Cochinito cualquiera que se hizo viajero y finalmente el mas afortunado marinero.





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domingo, 7 de febrero de 2010

El Gato con Moscas

El Gato con Moscas


   Sobre el tejado de la casa vecina, se encontraba un Gato altanero y perezoso, que cada noche subía a recitar desafinadas tonadas como si algún día fuese a enamorar a alguna que otra sorda Gata.
   Tocó que cierta noche, lo perezoso le pasó la cuenta y en lugar de ir al baño, se orinó donde mismo estaba. No se inmutó; subió el mentón y volvió a lo suyo como si nada.
   Sin embargo, en lugar de seducir a ronroneadoras Gatas, lo que lo que atrajo fue una bandada de Moscas que, de su hedor quedaron prendadas.
   Desde esa noche, aquel Gato altanero y perezoso, por más que se arrancaba y entre árboles esquivaba, no pudo sacarse de encima aquella bandada de Moscas que a todos lados le seguían; de su mal olor cautivadas.





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domingo, 3 de enero de 2010

Sor Ayita, una tímida Grillita, hoy una Lobita de cacería

Sor Ayita, una tímida Grillita, hoy una Lobita de cacería



Sor Ayita, que de Sor no tiene nada
que sigue siendo una tímida Grillita,
con Luna llena suele mutar en Lobita
y en esas noches su timidez reemplaza.


Así, Sor Ayita, una tímida Grillita
se libera, fuera penas, sale de casa
alegre, luce contenta, se va de caza
muta y se libera al salir de cacería.


La noche se alarga y ya no hay calma
las estrellas le acunan, vive la vida
busca Lobos y no Grillos esta Lobita;
no quiere melodías, sino saciar ganas.


Sor Ayita, una tímida y bella Grillita
victima de la Luna, ha salido de farra
pero ya retornará y volverá a la calma;
muta solo de noche y no todos los días.




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viernes, 20 de noviembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta, tuvo ceguera

Alberta, la mosquita muerta, tuvo ceguera



Alberta, la mosquita muerta
cuando chica sufrió ceguera,
aunque fue ceguera pasajera.

Tan juguetona era la Alberta
que un buen día pajareando
se decidió a volar de cabeza.

Alegre volaba muy contenta
riendo, mirando a todos lados;
quedó estrellada en una puerta.

Burros verdes con trompetas,
grillos enormes, todos bailando
en la pobre cabeza de Alberta.

Así quedó, moreteada y lerda.
Mamá y Papá muy asustados
porque quedó viendo leseras
fueron al Doctor de emergencia.


La llevaron al Mostalmólogo, aquel que atiende a los Moscos de sus ojos. Llegaron donde el Doctor Orozco, el mosco.
Orozco era un Doctor muy gruñón, mirón y tosco, pero del basural, el mejor Doctor de Moscos.
Al verlos agitados y temblorosos, accedió ver a su Hija casi muerta, pues no atendía pacientes menores; para él, los Moscosos chicos eran los peores.
Examinó a Alberta que estaba casi muerta, y de mala gana le dijo: párate aquí y te quedas muy quieta.
Alberta, que de por sí era muy inquieta, obligó a Mamá Mosca que la sostuviera de un ala para que no se moviera.
Orozco, el gruñón Doctor Mosco le dijo, luego de mirarla por todos lados: Mira con todos tus ojos hacia allá, ahora a la Mamá, al Papá, al suelo, al cielo, para atrás, girando y ahora, fíjalos en mí.
Con tanto esfuerzo, Alberta se mareó y sin quererlo, parada se hizo pipí.
Orozco el Mosco, enfadado gruño: Por eso no me gusta atender Moscosos chicos. Siempre hacen lo mismo; de pie y en mi dulce alfombra se hacen pipí.
Terminada la consulta, a Mamá Mosca le entregó su diagnóstico: Alberta, la mosquita casi muerta, sufría de ceguera pasajera y para ello, tendría que usar lente por toda la primavera.
¡Gracias Doctor Orozco! -gritó jubilosa y agradecida la Madre Mosca.
No me dé las gracias Señora Mosca, y en la receta repare: Su Hija muy mal se ha portado, así que en castigo usará lentes, pero lentes de contacto para cada ojo y deberá cambiárselos a diario y guardar reposo.
Sorpresa causó en todos. Papá Mosco no lo creía y Mamá Mosca se hizo la tonta. De igual forma todos salieron apenados por el largo tratamiento, incluso Alberta que, aunque no estaba muerta, entendió que debería aceptar el cruel castigo para sanarse de su ceguera pasajera.
Con un par de lentes hubiese sido fácil y la espera llevadera, pero con lentes de contacto en cada ojo y además cambiándoselos a diario, sería una tarea tan ardua que para jugar no le quedaría tiempo ni ideas.
Tan solo imaginen a nuestra pobre Alberta, la mosquita muerta, intentando poner cada lente de contacto en cada ojito y con mucho tacto, y al otro día de lugar cambiándolos.
Por 3 meses, Alberta no fue la Mosca juguetona y traviesa disfrutando su primavera, sino una mosca loca por sanarse pronto y volver a seguir jugando a volar de espalda, de cabeza o como fuera.

Aunque no vale la pena preguntarse ni contarles qué fue del Doctor Orozco, un secreto habré de confesarles: Orozco el Mosco, gruñón y tosco al despedirlos y cerrar la puerta, recordó el accidente de la mosquita muerta llamada Alberta y se echó a reír a carcajadas por el tratamiento dado a aquella Moscosa tan inquieta. Fue tanto lo que rió y rió y de tan buena gana, que sin darse cuenta de un cabezazo en su propia puerta perdió la cabeza y encima, un ojo.




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domingo, 15 de noviembre de 2009

Alberta, la mosquita muerta

Alberta, la mosquita muerta



Volando se la pasaba jugueteando
zig-zagueante su hambre saciando.
A veces visita casas abandonadas
muchas otras basurales desolados.


La mosquita Alberta así la pasaba
sufriendo jaquecas, algo mareada.
Tantos ojos le habían sido dados
tanto mirar, no sabía qué miraba.


Un buen día aterrizó en un baño
el olor, era hedor; vaya humanos.
Fue tanto, que quedó angustiada.
Paró, pues no pudo seguir volando.


Alberta quedó perpleja, embobada
el olor la había dejado asqueada.
Nunca sintió, en su vida viajando
hedor como este, de la raza humana.


Se tapo sus narices y salió volando
huyendo de tan asqueroso escenario
sin embargo pronto se vio atrapada
cerraron la ventana, murió aleteando.


Pobre mosquita Alberta, abandonada
conoció el infierno, sus llamaradas.
Por buscar comida y andar vagando
en mosquita muerta fué tranformada.




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